Inspiration Issue #1

¡Hola! Llevaba un tiempo sin compartir cosas que me inspiran. Unas veces estoy más gráfica y otras más de escribir. Cómo últimamente casi todo lo que escribo es parte de mí yo offline y de ello, aquí a Udonwool, llega muy poquito, he decidido que una manera de seguir compartiendo un poco de mi día a día es precisamente dejar por aquí las imágenes que me inspiran para escribir a solas en mis tardes, para hacer bocetos de lo que me gustaría tejer o simplemente para relajar la mente, porque, a veces… al llegar de trabajar lo único que apetece es vagabundear por Pinterest.

 

Inspiration issue udonwool

1. A veces, me entra la fiebre folk y me gustan cosas un poco cursis cómo éstas medias de Ullstrumpan.

2. Bufanda para acabar con las sobras de lana, visto en el blog de Sandra Juto que es una de mis tejedoras favoritas.

3. Prendada del vestido brutal del maestro Yohji Yamamoto. 

4. Ya se que los ciervos no son lo más in que hay en 2015 pero no puedes negarme que éste ciervo está hecho de amor.

Y, de propina una galería que me inspira mucho para imaginar texturas muy terrosas y salvajes.

Punto de Ganchillo, Pessoa.

A veces, me reconozco en textos que podría haber escrito yo. Otras, son los demás los que me reconocen en esos textos y éste es uno de ellos:

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Envidio -pero no sé si envidio- a aquellos de quienes se puede escribir una biografía, o que pueden escribir la propia. En estas impresiones sin nexo, ni deseo de nexo, narro indiferentemente mi biografía sin hechos, mi historia sin vida. Son mis Confesiones y, si nada digo en ellas, es que no tengo nada que decir.

¿Qué tiene alguien que confesar que valga o que sirva? Lo que nos ha sucedido, o le ha sucedido a todo el mundo o sólo a nosotros; en un caso, no es novedad, y en el otro no es cosa que se comprenda. Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre de sentir. Lo que confieso no tiene importancia, pues nada tiene importancia. Hago paisajes con lo que siento. Hago fiestas de las sensaciones. Comprendo bien a las bordadoras gracias a la amargura, y a las que hacen punto de media porque hay vida. Mi tía vieja hacía solitarios durante lo infinito de la velada. Estas confesiones de sentir son solitarios míos. No los interpreto, como quien usase cartas para saber el destino. No los ausculto, porque en los solitarios las cartas no tienen propiamente valor. Me desenrollo como una madeja multicolor, o hago conmigo figuras de cordel, como las que se tejen entre los dedos estirados y se pasan de unos niños a otros. Sólo me preocupo de que el pulgar no estropee el lazo que le corresponde. Después, vuelvo la mano y la imagen resulta diferente. Y vuelvo a empezar.

Vivir es hacer punto de media con una intención de los demás. Pero, al hacerlo, el pensamiento es libre, y todos [33] los príncipes encantados pueden pasear por sus parques entre zambullida y zambullida de la aguja de marfil de pico al revés. Punto de ganchillo de las cosas… Intervalo… Nada…

Por lo demás, ¿con qué puedo contar conmigo? Una acuidad horrible de las sensaciones, y la comprensión profunda de estar sintiendo… Una inteligencia aguda para destruirme, y un poder de ensueño ávidamente deseoso de entretenerme… Una voluntad muerta y una reflexión que la arrulla, como a un hijo vivo… Sí, punto de ganchillo…

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego Gracias a Gala de Vil por pasarme éste maravilloso texto que me hace acercarme un poco más a lo que soy.

¿Por qué tejer está tan lleno de topicazos?

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El otro día estaba enzarzada en una conversación de twitter discutiendo sobre el carácter punk o revolucionario de tejer, hablábamos si tejer es una práctica contracultural o acaba siendo una manera de madurar en la feminidad, o simplemente si es un hobby como otro cualquiera. Cada uno lo ve como quiere y como puede, creo yo, porque, al final, nuestras aficiones se tiñen y se definen por el resto de nuestra personalidad y hay tantas tejedoras cómo mujeres que cogen agujas, desde las que desisten hasta las que piensan que es de viejas, hasta las que se estancan en un constante no acabar las piezas por exceso de ideas y falta de tiempo, que es lo que me pasa a mí. Sin embargo, es rara la tejedora que te va a soltar topicazos sobre su afición, habrá quien no quiera meterse en filosofías, ni meditaciones, ni rollos sociales, ni nada de nada y piense que tejer es simplemente hacer punto, pero dudo que nadie te espete cosas cómo:

-¿Tejes?
– ¡Uy! con eso están ahora todos los hipsters, ¿no?
-¡Cómo mi abuela! ¡Qué rollo! Yo es que soy incapaz.
-¡Anda! Pues yo me hacía jerséis en el colegio. (Que vas tú y piensas para tus adentros, si, de dos en dos y hacían carreras, ¿verdad?)
-Ya me gustaría a mí, tener tanto tiempo para poder dedicarme yo a “mis labores”.
-¡Buf! Eso se daba antes en el instituto que me dirás ¿para qué? (de esto ya hablaré largo y tendido en otro post)
-Y qué haces, cosas de esas que se ponen por la calle. Yo es que todo ese trabajo para luego dejarlo ahí tirado. Total, para lo que dura.
-¡Hazme unos calcetines que a ti no te cuesta nada!

Por no hablar de que la mayoría de la gente no sabe la diferencia entre el punto de cruz, el punto o el ganchillo…

Sé que mi post de hoy es un poco ácido, pero sin éste tono, estoy segura que no habrías llegado a encenderte con la recua de topicazos que alguna vez te ha tocado sufrir en carne propia.

Y todo esto para reflexionar un poco sobre ¿por qué una afición simple y ancestral como tejer puede provocar tantos comentarios beligerantes? (Porque estoy, casi segura, de qué es en la minoría de los casos en los que te has encontrado con una reacción positiva tipo: -¿Tejes? -¡Jo! ¿Qué guay? A mí me encantaría aprender, me parece que tiene un trabajazo, a ver si algún día saco tiempo y me pongo-. Al menos, yo, creo que puedo contar éstas respuestas con los dedos de una mano.)

Tejer es una actividad muy ligada al entorno doméstico y al universo femenino y quizá por eso, cuando hablamos de que una generación de mujeres supuestamente emancipadas, libres y plenamente implantadas en un sistema social que ha dado de sí lo justo para que esa elasticidad deje sentirse cómodo al patriarcado y al consumismo, resulta extraño a todas luces y, la primera intención es la de reaccionar en contra. Cuando mi amiga La Letra B, explicaba que tejer es una actividad contracultural, enseguida me di cuenta que, tenía razón, que durante todo éste tiempo en el que he estado reflexionando si tejer es o no un acto político, feminista o de rebeldía en alguna de sus facetas, mis dudas se referían precisamente a ese aspecto que Berta señala como counter-culture, simplemente es un hábito no implantado o mejor dicho, extirpado de nuestra cultura y por eso se percibe con cierto prejuicio. Tejer es la espina en el costado de una generación de mujeres a las que la emancipación se les ha impuesto como paliativo de la culpa de la sumisión secular (perdonad que me ponga pedante, pero el tema que nos ocupa lo requiere). Con esto quiero decir que la culpa no deja de ser un mecanismo por el cual nos castigamos leve y momentáneamente ya sea socialmente o individualmente para permitirnos volver a hacer aquello que ya sabemos que hemos hecho mal.

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Tejer es una cosa antigua y en una época en la que “hay que ser absolutamente moderno”, ¿quién querría ser anticuado? Sólo alguien con cierta inclinación por una mala costumbre: pensar.

¡Gracias queridas! Voy a tejer un rato y a desconectar del mundo 2.0 y de los coches y las máquinas mientras me pregunto si éste post no es de suyo otro “topicazo tejeril”.

El Problema Final: despidiendo a La Oveja Escocesa

Supongo que es un poco extraño hacer una reseña sobre un tienda de lanas cuando ya está cerrada pero imagino que no soy la única que cuando sabe que ha encontrado un tesoro suele mantenerlo en el más profundo de los secretos. Cuando descubrí La Oveja Escocesa lo primero que sucedió es que me sentí muy extrañada de porqué una tienda de lanas recién abierta no estaba directamente inspirada en un escenario de Pinterest. Si esto no era así es que algo de diferente tenía, y las cosas diferentes, siempre extrañan, ¿no? 1947955_689915244380300_380259110_n Cuando empezó el boom de las lanas en Madrid, empezaron a surgir miles de talleres laneros para aprender a tejer, sin embargo, cuando uno pasa del punto bobo y de tejer cuellitos y gorros con lana del 12… La cosa se pone algo difícil. ¿Quién iba a enseñarme a tejer calcetines? ¿Quién sería capaz de hacerme saber cómo demonios coger las cinco agujas si lo había intentado cientos de veces y se me desmontaba el chiringuito una y otra vez? ¿Quién podría explicarme cómo hacer un jersey “como es debido” y no esos cuadrados con mangas que se ven por todas partes? Soy una persona que tarda mucho en conectar con las cosas. Sobre todo si esas cosas están alojadas en el campo de lo real y lo cotidiano. Supongo que todo se resume en que me cuesta “entrar por el aro”. Así que decidir apuntarme a clases de punto me llevo mi tiempo. Pensaba todo el rato que no iba a aprender nada y que lo que quería aprender me llevaría siglos y montañas de dinero. (Aunque si me toca la lotería sigo pensando que lo primero que voy a hacer es el programa de punto de St. Martens’ en Londres).   Por casualidad, un día le pregunté a Ana algunas dudas que tenía y me las explicó sin más. Luego saqué tiempo del fin de semana para sumarme al “Un día un punto”… y poco a poco me di cuenta de que Ana tenía mil cosas que explicar, cien que contar muy bien y sólo una que lo movía todo y hacía que el punto fuese una labor fácil: el amor por la lana y el arte de hacer las cosas bien (que es algo… que hace tiempo que no abunda).   Yo que soy una persona con los midiclorianos muy altos, que, esto para la gente que no ha visto “La Guerra de las Galaxias” significa que tengo poca paciencia, mucha prisa por conseguir las cosas que quiero y mucha, mucha pasión por “lo mío”…  he sido capaz en dos años, de tejer todas las muestras del mundo, de aprender a hacer mangas de todos los tamaños y cuellos de todos los formamos, calcetines, ochos y a cambiar de color, sin sudar y sin desesperar. Imagino que lo que más he ganado con todo esto es paciencia y constancia y eso, creo que es lo más importante que te puede enseñar un maestro. Por que ir a clases de punto, es un tema infinito. d8ba041f2580cb54ec091122d7a5e552 Uno puede ir haciendo monográficos de cientos y cientos de temas… y no acabar jamás. Pero, aprender a hacer punto. Eso es otro tema. Ver cómo se comportan las hebras, tener la paciencia de arreglar las cosas que salen mal, intuir que es lo que puede pasar cuando quieres hacer tal o cual forma, ver un jersey y ponerte a hacer cábalas para saber cómo podrías tejerlo y, lo que es mejor, cómo podrías tejerlo mejor que el de la foto…   La Oveja Escocesa empezó a liquidar hace un mes… y poco a poco las estanterías se fueron vaciando… yo, al principio, no tenía muy claro cómo me iba a apañar yo éste año para seguir aprendiendo, sobre todo con la máquina… pero, durante éstos últimos días en los que no tenía ya ni clase, he entendido la lección más importante de todas sobre el punto. Y, he comprendido un poco lo que he aprendido en los últimos dos años. Así que, abrí mi diario de 2015 y escribí las dos palabras que han de motivarme durante todo el año para sacar adelante mis ideas: MAKE & DO. 99013dd19cfabca9bf9cc61c675b2f8d 2015 será un año de mucho poner en práctica y de dejar de absorber.

La idea de ir a clases de punto… era esa. Aprender, recabar indicios… Ahora tengo que juntar las piezas, ponerlas en orden y lo que es más importante: en práctica.

Además estoy segura que La Oveja Escocesa seguirá presente en el mundo tejeril de alguna otra manera…

¡Enhorabuena! y muchas gracias por éstos dos años de amor a la lana…

 

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Y todo esto para contaros que en 1893 Conan Doyle acabó por lanzar a Sherlock y al profesor Moriarty por una cascada con tal de librarse de lo que había sido su pasión. Hace días os contaba que el bloqueo creativo puede acabar con las ganas de hacer lo que a uno le gusta… Sólo es cuestión de tiempo y escucha, recuperar el camino. Conan Doyle llegó a tener amenazas de muerte si no devolvía a la vida al detective y yo… sé que si no acabo con mi stash a mano o a máquina durante 2015 voy a acabar odiándome.

Escribir por escribir y todas las lecturas posibles

Todo el mundo habla del bloqueo creativo, pero, creo que nadie sabe lo que es hasta que se ve metido en ello.

Últimamente leo y oigo a mi alrededor que, algunas amigas se encuentran inmersas en medio de una crisis creativa; y yo me pregunto: ¿es enero un mal mes para empezarlo todo? ¿nos afecta la falta de sol? Entonces, si me voy a vivir a Islandia, ¿me voy a quedar bloqueada el resto de mi vida?

bloggingrealhome

Lo cierto es que, con todo esto de pensar porque no tengo nada sobre lo que escribir, al final, lo único que he hecho es escribir mucho más de muchas más cosas que de punto y escucharme un poco, no mucho, pero, un poco más a mí misma.

 

De no ser porque ha surgido la conversación entre mis amigas Sombra y Parafernalia, creo que no me habría parado a escribir nada de esto en público pero, creo que, si muchas de nosotras estamos pasando por un proceso de bloqueo similar puede tener que ver con alguna raíz común. Y, es que yo también me siento muy atrapada por el aluvión de blogs escritos por “expertos” para alcanzar ciertos números. Escribo en internet desde hace diez años y nunca me había parecido que el territorio blogger fuese algo tan retroalimentado. Es decir, que ahora, para tener un blog de éxito, o lo que muchos consideran éxito, hay que tener un blog en el que se escriba sobre cómo triunfar teniendo un blog. Eso, o crear un hábitat 2.0 inspirado en un tablero de Pinterest.

El año pasado leí “Memecracia: Los virales que nos gobiernan” de Delía Rodriguez y en él ya se apuntaba a como los contenidos en internet están totalmente dirigidos, quiero decir, que hay cosas que funcionan y cosas que no. Los gatos haciendo acrobacias en un monopatín, funcionan. La tercera ola de feminismo y su replanteamiento de muchos de los tópicos establecidos y subertidos desde los 70, empezó a funcionar en 2014. Supongo que los patucos de lana matizada, también funcionan, y las fotos de tejedoras inspiradas en el rebufo del “heroin chic” noventero, creo que también funcionan… Las ilustraciones de cupcakes, las vidas perfectas inspiradas en fotos de Pinterest, los delantales de cerezas, los niños ruborizados… todo esto entiendo que funciona pero, creo que lo que pasa es que a algunas personas que pasamos las tardes navegando en busca de empatía en los blogs, simplemente, ni nos gusta, ni nos alimenta.

Así que, después de, en muchos casos sentirnos atrapados por nuestros propios diarios (One Sheepish Girl) y, sin ganas de escribir sobre “lo que se supone que tenemos que escribir” nos hemos visto bloqueados y parados delante de nuestros teclados con pocas ganas de contar una y otra vez los tópicos con los que supuestamente Google podría ponernos a la cabeza de una carrera que, intuyo que muchas, no queremos ganar.

 

Ya hablé hace tiempo sobre la “hiegiene de contenidos” y yo misma he caído en el “escribir por escribir”, no de la manera que me gusta si no de la manera que se supone que funciona. Y, he llegado a la conclusión, que a mí, no me funciona. Por eso, me he puesto a escribir por escribir, todo el rato y sin parar pero de otra manera. De la manera que te hace soltarte para que las palabras te acaben saliendo de manera fácil y libre, de la manera que hace que tus palabras sean como tu voz y la gente las quiera escuchar y leer sin atragantarse.

Ayer hice limpieza en Feedly, si, ¡otra vez! Me he quedado con la gente que escribe desde el corazón y, con la gente que me aporta ideas. No son muchos pero creo que en ésta época de crisis de las ideas… lo mejor que uno puede hacer, es cribar y leer opiniones que, de verdad, merecen la pena.

 

Gracias por dejar intactas las métricas, a pesar de que… últimamente no tengo mucho que decir, ni del punto, ni de nada.

Old Manual Typewriter

 

Si te apetece leer lo que escribía Sombra sobre todo esto… ¡pincha aquí! Y, si tienes ganas de que los blogs vuelvan a ser cuadernos abiertos llenos de pasiones y escritos por personas… #bloggingreal

 

 

 

 

Merry Christmas, Knitters!

Hello, Woolies! Sólo he venido para desearos unas felices vacaciones y un estupendo 2015!

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La familia Pérez nos vamos de vacaciones… al frío, que es de las cosas que más nos gustan… porque, sin el frío no existiría el placer de las tazas calientes de té, ni el gusto de los gorros de lana, ni la emoción frente a las chimeneas… y con las vacaciones llegan también los buenos (y malos) propósitos de año nuevo… pero, cómo a noviembre de 2014 empecé a darme cuenta que no había conseguido cumplir ni una sóla de las buenas intenciones para el año que dejamos, decidí que éste año no habría propósitos de año nuevo y que a lo que voy a dedicarme es a dejar crecer las ideas en un invernadero personal que he construido con la ayuda de un cuaderno que me regaló mi amiga Susana; por eso, enero será un mes de reconstrucción y trabajo interior… Si no nos vemos que empecéis muy bien el año…

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Welcome, Marsala!

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¡La semana pasada Pantone anunció cual será el color del año para 2015!

Marsala es un color, dulce y especiado… (ay! de mí… que sufro del síndrome de la sinestesia y “veo” más allá de los colores)un  tono teja que se mueve entre el rosa maquillaje, el burdeos y el marrón muy cerca de la canela.

Llevo un tiempo pensando en los colores con los que quiero trabajar el año que viene y Marsala viene de la mano de unas paletas matizadas que me han llenado de alegría… Así que… ¡Viva Pantone 2015!

 

 

Algunas combinaciones de Marsala que me han enamorado…

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¡Ya estoy deseando empezar a tejer con éstos colores!

Armas de construcción masiva: mis agujas de tricot

colección de agujas para tejer

La semana pasada prometí en twitter que enseñaría el arsenal de agujas. Luego, para variar, mi vida se convirtió en caos y no tuve demasiado tiempo para hacer fotos. Quizá una de las peores cosas del invierno es que las horas de luz se limitan un montón y queda poco rato para poder sacar algunas fotos chulas para el blog.

Al hilo de lo de twitter hablábamos de las preferencias de cada uno a la hora de elegir agujas. Yo antes era de metálicas todo el rato, hasta que tuve que enfrentarme a las dpns (agujas de doble punta) y vi que directamente son insufribles. Pesan, hacen daño y los puntos se escurren sin parar. Da igual la lana.

agujas de madera para tejer

En mi primer intercambio de Spanish Swap, Bego de Lanaterapia, me regaló mis primeras agujas de bambú y desde entonces… I’m a WOOD one! Es decir: que prefiero la madera por encima de todas las cosas.

 

El bambú es flexible. MUCHO. Algunas veces tengo la sensación de que la aguja se va a partir cuando se atasca un punto o cuando hay que hacer puntos cruzados y, créeme, sigo sorprendiéndome de la elasticidad que alcanzan las agujas de bambú, sobre todo, las finitas.

agujas de madera y marfil

Tengo varias agujas de madera y de distintas maderas y la verdad es que todas son agradables. Desde que tejo en continental, o bien tejo en circulares, o bien tejo con agujas de las que son más cortitas porque si no… se hace todo un poco aparatoso. (No soy de agujas largas…). Cuando tengo una labor grande tipo jersey siempre uso las Addi ciruclares que me regalo el Sr. Pérez por mi último cumpleaños. Son PERFECTAS. De momento, en 6 meses no les he encontrado ninguna pega. Son flexibles, son cómodas, no se escurren los puntos pero dejan correr la labor, no se les borra la numeración con el uso, el cable no se riza y sobre todo no se desenrrosca (que es el principal problema que encuentro en las Knit Pro, de las que también soy fiel usuaria).

Cómo digo también uso Knit Pro, tengo varios modelos de las Symfonie  (intercambiables) que es innegable que son preciosas pero conozco varias personas a las que se les ha partido una aguja porque para mí, tienen poca flexibilidad.

De momento, no tengo unas agujas gorditas de madera y circulares así que cuando mi labor es “chunky” siempre uso las acrílicas. Qué ahora, por fin, Knit Pro ha sacado en distintos colores según la numeración

En ambas, hay un pequeño problema porque a la primera media hora de estar tejiendo el número de la aguja se empieza a borrar y luego puede ser un problema a la hora de elegir la medida si no tienes un medidor de calibre pero yo tengo un pequeño truco: ponerles laca de uñas transparente en el número. ¡No se nota y evito que se borre!

agujas de madera de doble punta

En cuanto a las dpns, he usado Pony, Clover y, finalmente, me he quedado con las agujas que hace a mano, Ana de La Oveja Escocesa, tengo varios pares porque no sólo las uso para tejer calcetines si no que también hago muchas “maquetas” de jerseys con ellas o pruebas de “jacquard”. Al principio, se me hacían un poco largas porque siempre había trabajado con cortitas pero luego, las agradezco un montón, porque cómo digo, sirven para tejer todo tipo de muestras y hacer experimentos chulos o mangas o gorros.

agujas de doble punta

Éstas agujas son mis favoritas con total diferencia. Con ellas he aprendido a amar las lanas finas, con ellas he visto que las manos pueden sufrir mucho menos, porque, no me canso de decirlo, son tan flexibles que se amoldan a tu manera de tejer. Con el uso se van puliendo y afilando según tu manera de coger los puntos. Mis agujas están completamente deformadas de mi manera de tensionarlas y no las presto porque tengo la sensación de que si alguien teje con ellas me las va a deformar. ¡Soy maniática que le voy a hacer!

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Recuerdo que la primera vez que las vi, Ana me dijo que: “Si no encuentro un proveedor que me guste, prefiero hacerlo yo”. Tejo con éstas agujas hace un año… y no las cambio por nada.

 

Historias sobre agujas, creo que hay cientos, desde las mujeres que usaban varillas de paraguas o antenas de televisión durante la guerra, a la que me contó Rosario en el Museo del Traje de cómo tejía a escondidas con dos palitos de madera porque su madre no le dejaba usar sus agujas He visto a gente tejer con lápices, bolis, palillos chinos… Pero, no es lo mismo tejer con “tus” agujas que con cualquier otras…

Je suis la tricoteuse philosophique!

 

PUNTO CRUZADO LETTERING

Creo que una de las frases que he oído a lo largo de mi vida es: “Pero, no te rayes!” o “No lo pienses más” y cada vez que han llegado a mi cabeza han salido cómo si estuviesen huecas. Soy incapaz de no pensar en algo, lo que no significa que piense mucho las cosas. Soy retórica por naturaleza, las paradojas me conmueven y pasar demasiado rato haciendo cosas mecánicas… me consume. Supongo que tejer, es una actividad, aparentemente mecánica, pero cuando pasa por mis manos se transforma en un constante… ¿Qué pasará si…? Combinar colores, buscar texturas, aprender cómo hacer tal o cuál forma… son la base de mi día a día. Y, a veces, de mis noches… que me las paso en vela pensando en patrones para el día siguiente. Pensar en si soy capaz de tejer algo o tejerlo de la manera que quiero, exactamente… Los cálculos, las muestras de tensión, las combinaciones de tipos de puntos imposibles… ¡eso es lo mío!   Hay quien padece del “síndorme del segundo calcetín”. Yo, vivo desde niña en un “non finito” constante… y cuando, he tenido una respuesta para algo ya estoy pensando en la siguiente pregunta… por eso, muchas veces, no acabo los proyectos que empiezo (falta grave) o ni siquiera los empiezo porque me parecen obvios.

Cada punto para mí tiene un porqué y cada porque una manera de ejecutarse… Por lo menos, dentro de mi cabeza. Muchas veces, tejo sin agujas, a lo Bobby Fischer, paso horas pensando en cómo o porque… o, en si se podría tejer algo de la manera no ordinaria. Me apasionan las maneras en las que un tejido puede llegar a ser continuo o partirse en mil quiebros, pasar por completo del hilo o darle la vuelta y aprovechar un revés magnífico.  

del revés

Además, tricotar, tiene para mí una postura social que me importa y que intento dejar siempre presente en mi manera de hacer y contar las cosas. Social, artística y filosófica… Amén de ser aburrida en todo éste mundillo, pedante o sabelotodo… soy incapaz de escapar a mis preguntas cuando tejo.   Por eso, creo que he encontrado en el patronaje un aliado perfecto para desarrollar mis ideas, aunque, a veces, sea sólo en papel.

Y, tú… ¿Qué tipo de tejedora eres? Apúntate al concurso de Clara o búscate entre sus tejedoras ejemplares…

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Paletas de color: Inspiración constante

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Una de las formas de inspiración más importante en mi manera de trabajar son las paletas de color. Muchas veces puedo pasarme horas, mirando fotos y abstrayéndome para conceptualizar los colores que me conmueven.

Éste verano, hice un taller con Miga de Pan. Ella nos explicó su manera de trabajar con el color, a base de la creación de círculos cromáticos personalizados y un trabajo de saturación-desaturación de los colores fundamentales que “cada uno” tiene en su “paleta personal”. Adriana, nos invitaba a elegir “nuestros colores” para luego trabajar con ellos de una manera contrastada o engamada. Para mí ésta experiencia fue muy difícil porque me cuesta trabajar sin intuición y ciñéndome a un concepto, pues muchas veces, no tengo claro el resultado final que quiero o cambia a medida que voy viendo cómo todo va quedando.

Hilos para bordar

Luego, trabajé en un taller de bordado con Yolanda Andrés. Ella nos dijo algo súper interesante, nos contaba que, muchas veces, coge una bola de hilos enmarañada y entorna los ojos y de ahí… empieza a sacar hilos que le parece que quedan bien… y los mezcla a su antojo. Ésta manera de “encontrar” los colores con los que quiero jugar es mucho más acorde a mí. Me cuesta menos y las paletas me salen de suyo mucho más lógicas. (Aunque es probable que Miga de Pan encontrase una coherencia similar cuando vemos el resultado final.)

Hilos para bordar

Ahora, estoy intentando trabajar de una manera un poco más lógica. Aunque siempre acabo acumulando ovillos aunque sólo sea porque el color me ha cautivado…

malabrigo mustard

 

Te dejo una selección de diseñadoras textiles, tejedoras y bordadoras cuyas gamas de colores me enamoran…

Miga de Pan

Yolanda Andrés

Ozzeta

Lola San Román

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