Welcome, Marsala!

marsala

¡La semana pasada Pantone anunció cual será el color del año para 2015!

Marsala es un color, dulce y especiado… (ay! de mí… que sufro del síndrome de la sinestesia y “veo” más allá de los colores)un  tono teja que se mueve entre el rosa maquillaje, el burdeos y el marrón muy cerca de la canela.

Llevo un tiempo pensando en los colores con los que quiero trabajar el año que viene y Marsala viene de la mano de unas paletas matizadas que me han llenado de alegría… Así que… ¡Viva Pantone 2015!

 

 

Algunas combinaciones de Marsala que me han enamorado…

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¡Ya estoy deseando empezar a tejer con éstos colores!

Armas de construcción masiva: mis agujas de tricot

colección de agujas para tejer

La semana pasada prometí en twitter que enseñaría el arsenal de agujas. Luego, para variar, mi vida se convirtió en caos y no tuve demasiado tiempo para hacer fotos. Quizá una de las peores cosas del invierno es que las horas de luz se limitan un montón y queda poco rato para poder sacar algunas fotos chulas para el blog.

Al hilo de lo de twitter hablábamos de las preferencias de cada uno a la hora de elegir agujas. Yo antes era de metálicas todo el rato, hasta que tuve que enfrentarme a las dpns (agujas de doble punta) y vi que directamente son insufribles. Pesan, hacen daño y los puntos se escurren sin parar. Da igual la lana.

agujas de madera para tejer

En mi primer intercambio de Spanish Swap, Bego de Lanaterapia, me regaló mis primeras agujas de bambú y desde entonces… I’m a WOOD one! Es decir: que prefiero la madera por encima de todas las cosas.

 

El bambú es flexible. MUCHO. Algunas veces tengo la sensación de que la aguja se va a partir cuando se atasca un punto o cuando hay que hacer puntos cruzados y, créeme, sigo sorprendiéndome de la elasticidad que alcanzan las agujas de bambú, sobre todo, las finitas.

agujas de madera y marfil

Tengo varias agujas de madera y de distintas maderas y la verdad es que todas son agradables. Desde que tejo en continental, o bien tejo en circulares, o bien tejo con agujas de las que son más cortitas porque si no… se hace todo un poco aparatoso. (No soy de agujas largas…). Cuando tengo una labor grande tipo jersey siempre uso las Addi ciruclares que me regalo el Sr. Pérez por mi último cumpleaños. Son PERFECTAS. De momento, en 6 meses no les he encontrado ninguna pega. Son flexibles, son cómodas, no se escurren los puntos pero dejan correr la labor, no se les borra la numeración con el uso, el cable no se riza y sobre todo no se desenrrosca (que es el principal problema que encuentro en las Knit Pro, de las que también soy fiel usuaria).

Cómo digo también uso Knit Pro, tengo varios modelos de las Symfonie  (intercambiables) que es innegable que son preciosas pero conozco varias personas a las que se les ha partido una aguja porque para mí, tienen poca flexibilidad.

De momento, no tengo unas agujas gorditas de madera y circulares así que cuando mi labor es “chunky” siempre uso las acrílicas. Qué ahora, por fin, Knit Pro ha sacado en distintos colores según la numeración

En ambas, hay un pequeño problema porque a la primera media hora de estar tejiendo el número de la aguja se empieza a borrar y luego puede ser un problema a la hora de elegir la medida si no tienes un medidor de calibre pero yo tengo un pequeño truco: ponerles laca de uñas transparente en el número. ¡No se nota y evito que se borre!

agujas de madera de doble punta

En cuanto a las dpns, he usado Pony, Clover y, finalmente, me he quedado con las agujas que hace a mano, Ana de La Oveja Escocesa, tengo varios pares porque no sólo las uso para tejer calcetines si no que también hago muchas “maquetas” de jerseys con ellas o pruebas de “jacquard”. Al principio, se me hacían un poco largas porque siempre había trabajado con cortitas pero luego, las agradezco un montón, porque cómo digo, sirven para tejer todo tipo de muestras y hacer experimentos chulos o mangas o gorros.

agujas de doble punta

Éstas agujas son mis favoritas con total diferencia. Con ellas he aprendido a amar las lanas finas, con ellas he visto que las manos pueden sufrir mucho menos, porque, no me canso de decirlo, son tan flexibles que se amoldan a tu manera de tejer. Con el uso se van puliendo y afilando según tu manera de coger los puntos. Mis agujas están completamente deformadas de mi manera de tensionarlas y no las presto porque tengo la sensación de que si alguien teje con ellas me las va a deformar. ¡Soy maniática que le voy a hacer!

  agujas dpns

Recuerdo que la primera vez que las vi, Ana me dijo que: “Si no encuentro un proveedor que me guste, prefiero hacerlo yo”. Tejo con éstas agujas hace un año… y no las cambio por nada.

 

Historias sobre agujas, creo que hay cientos, desde las mujeres que usaban varillas de paraguas o antenas de televisión durante la guerra, a la que me contó Rosario en el Museo del Traje de cómo tejía a escondidas con dos palitos de madera porque su madre no le dejaba usar sus agujas He visto a gente tejer con lápices, bolis, palillos chinos… Pero, no es lo mismo tejer con “tus” agujas que con cualquier otras…

Je suis la tricoteuse philosophique!

 

PUNTO CRUZADO LETTERING

Creo que una de las frases que he oído a lo largo de mi vida es: “Pero, no te rayes!” o “No lo pienses más” y cada vez que han llegado a mi cabeza han salido cómo si estuviesen huecas. Soy incapaz de no pensar en algo, lo que no significa que piense mucho las cosas. Soy retórica por naturaleza, las paradojas me conmueven y pasar demasiado rato haciendo cosas mecánicas… me consume. Supongo que tejer, es una actividad, aparentemente mecánica, pero cuando pasa por mis manos se transforma en un constante… ¿Qué pasará si…? Combinar colores, buscar texturas, aprender cómo hacer tal o cuál forma… son la base de mi día a día. Y, a veces, de mis noches… que me las paso en vela pensando en patrones para el día siguiente. Pensar en si soy capaz de tejer algo o tejerlo de la manera que quiero, exactamente… Los cálculos, las muestras de tensión, las combinaciones de tipos de puntos imposibles… ¡eso es lo mío!   Hay quien padece del “síndorme del segundo calcetín”. Yo, vivo desde niña en un “non finito” constante… y cuando, he tenido una respuesta para algo ya estoy pensando en la siguiente pregunta… por eso, muchas veces, no acabo los proyectos que empiezo (falta grave) o ni siquiera los empiezo porque me parecen obvios.

Cada punto para mí tiene un porqué y cada porque una manera de ejecutarse… Por lo menos, dentro de mi cabeza. Muchas veces, tejo sin agujas, a lo Bobby Fischer, paso horas pensando en cómo o porque… o, en si se podría tejer algo de la manera no ordinaria. Me apasionan las maneras en las que un tejido puede llegar a ser continuo o partirse en mil quiebros, pasar por completo del hilo o darle la vuelta y aprovechar un revés magnífico.  

del revés

Además, tricotar, tiene para mí una postura social que me importa y que intento dejar siempre presente en mi manera de hacer y contar las cosas. Social, artística y filosófica… Amén de ser aburrida en todo éste mundillo, pedante o sabelotodo… soy incapaz de escapar a mis preguntas cuando tejo.   Por eso, creo que he encontrado en el patronaje un aliado perfecto para desarrollar mis ideas, aunque, a veces, sea sólo en papel.

Y, tú… ¿Qué tipo de tejedora eres? Apúntate al concurso de Clara o búscate entre sus tejedoras ejemplares…

muestra punto cruzado detalle

Paletas de color: Inspiración constante

hello embroidery

Una de las formas de inspiración más importante en mi manera de trabajar son las paletas de color. Muchas veces puedo pasarme horas, mirando fotos y abstrayéndome para conceptualizar los colores que me conmueven.

Éste verano, hice un taller con Miga de Pan. Ella nos explicó su manera de trabajar con el color, a base de la creación de círculos cromáticos personalizados y un trabajo de saturación-desaturación de los colores fundamentales que “cada uno” tiene en su “paleta personal”. Adriana, nos invitaba a elegir “nuestros colores” para luego trabajar con ellos de una manera contrastada o engamada. Para mí ésta experiencia fue muy difícil porque me cuesta trabajar sin intuición y ciñéndome a un concepto, pues muchas veces, no tengo claro el resultado final que quiero o cambia a medida que voy viendo cómo todo va quedando.

Hilos para bordar

Luego, trabajé en un taller de bordado con Yolanda Andrés. Ella nos dijo algo súper interesante, nos contaba que, muchas veces, coge una bola de hilos enmarañada y entorna los ojos y de ahí… empieza a sacar hilos que le parece que quedan bien… y los mezcla a su antojo. Ésta manera de “encontrar” los colores con los que quiero jugar es mucho más acorde a mí. Me cuesta menos y las paletas me salen de suyo mucho más lógicas. (Aunque es probable que Miga de Pan encontrase una coherencia similar cuando vemos el resultado final.)

Hilos para bordar

Ahora, estoy intentando trabajar de una manera un poco más lógica. Aunque siempre acabo acumulando ovillos aunque sólo sea porque el color me ha cautivado…

malabrigo mustard

 

Te dejo una selección de diseñadoras textiles, tejedoras y bordadoras cuyas gamas de colores me enamoran…

Miga de Pan

Yolanda Andrés

Ozzeta

Lola San Román

Lo que significa tejer para mí en 10 líneas

Hace un tiempo mi amiga Clara hizo un post y luego un concurso en el que nos preguntaba que es lo que significaba tejer para nosotras… Éstas preguntas, yo, las llevo mal. Porque nunca sé lo que responder y, además, me hacen tener cada vez más dudas de porque hago tal o cual cosa…

Qué significa tejer para tí

Pero, creo que por fin he podido resumir lo que significa tejer para mí…

 

  1. Aprendizaje y nuevos retos.
  2. Una forma de expresarme en la que me siento cómoda.
  3. P.A.C.I.E.N.C.I.A. Tejer es para mí una manera de controlar mis nervios y cultivar mi serenidad.
  4. Diseño. No concibo el punto que no está pensado es por eso que quizá tengo el síndrome constante del non finito.
  5. Habilidades postapocalípticas. Sí. Soy rotunda en valerme por mí misma, y si Amancio deja de tejer… yo no pasaré frío.
  6. Feminismo. Para mí, tejer es una reivindicación de los valores culturales de lo femenino.
  7. Placer. El tacto, las combinaciones de paletas cromáticas… tejer es paladear.
  8. Satisfacción. De conocer todas las cosas de las que soy capaz.
  9. Esfuerzo. Por superar los retos que, según el momento, no consiguo.
  10. Personalidad. Creo que la gente es capaz de entenderme más por lo que tejo que por lo que digo.

 

Tengo pendiente responder a la otra gran pregunta de Clara… ¿Qué tipo de tejedora eres?

Pronto…

 

Creadoras textiles de hoy que no paran de molar

En relación al último post me gustaría mostrarte algunas de las mujeres que hacen obra textil a día de hoy, a algunas, tengo la suerte de conocerlas y a otras no, ninguna de ellas es vieja y todas tienen una propuesta textil muy interesante que no tiene porque ser feminista pero sí es crítica y su estilo es muy, muy personal, tanto como para ser destacables dentro de nuestra generación.

 

Yolanda Andrés Es bordadora y su manera de interpretar las texturas y el color, son únicas, Yolanda absorbe siempre de quien está a su alrededor… capta la tradición y la transforma con un gusto propio insuperable.

 

Gallina Yolanda

 

Yokoo Gibraan Vive en Atlanta y su manera de interpretar el ganchillo en versión XXL siempre me ha recordado a la manera en la que Claes Oldemburg superó la escultura pop. Si aumentas el tamaño de una pieza artística el resultado siempre será impactante por muy simple que sea aquello que estás haciendo. Tavi se puso sus bufandas de eslabones y las hizo “rular” por todo internet… Y ya sabes lo que pasa cuando Tavi te hace de sponsor. Yokoo es de mis diseñadoras de crochet favoritas, además su imagen de marca y sus fotos algo surrealistas me divierten de suyo.

 

yokoo

 

Cataclismos con las manos: Catalina es un buen ejemplo de cosas bonitistas hechas con cariño y ricura, cómo sólo pueden ser las cosas  Made in Asturias, Catalina diseña muñecos de punto y da talleres por el norte, su manera de elegir colores y lo tierno de sus formas son indiscutiblemente un acierto siempre. Puedes comprar sus diseños en Contigo Alla fine del Mondo en Madrid o en su tienda de Etsy.

unicornio+montaña

Amara MontesTeje en telar y hace piezas que me recuerdan a la sensibilidad de los años 30. Además, ella siempre transmite un calidez muy guay. Sus tapices me hacen pensar siempre en cabañas en el bosque y luces chiquititas. Para mí es una inspiración siempre.

amara

 

 Oh!Villo: Cristina es una de las personas más creativas y que más admiro del entorno craft en España, su trabajo es tan pop que resulta irresistible, además, trabaja con leds, con fibras conductivas y tiene una mentalidad de la cultura del compartir que es envidiable. Sus patrones están muy, muy bien escritos y su trabajo siempre está súper bien acabado. Una chica de ¡Bravo!

ohvillo

 

Hay un montón de chicas a las que podría citar, podría pasarme horas linkando diseñadoras y artistas que trabajan rodeadas de hebras y agujas de cualquier clase pero creo que es hora de ir a tomar el té, ¡nos vemos pronto!

¡Mientras tanto… escucha mi última playlist para tejer!

 

Tejer: no es país para viejas

tejer no es de viejas

El otro día en una conversación vía mail con IFeelCook ella me interpeló precisamente sobre un tema que yo ya me traía entre manos: ¿por qué tejer no es una cosa de viejas?  Además, empezamos una conversación en la que nos surgían un montón de dudas sobre cómo estamos llevando toda la moda del craft y las iconografías femeninas que de ésta moda se desprenden y sí son nocivas o beneficiosas para la imagen social de la mujer. Nos metimos en un tema un poco peliagudo y, nuestra única conclusión totalmente clara es que nos cuesta mucho hacernos una opinión formada 100% y que de cada nueva idea nos surgen más preguntas. Lo que yo creo que es muy positivo, porque generar debate es la primera forma de hacer frente a esa imagen de perfección e infantilismo que se ha creado en torno al craft y sobre la que estoy reflexionando últimamente.

Quiero dividir éste tema en dos vertientes, la primera es la que hoy te voy a contar; ¿Por qué tejer no es cosa de viejas? Y la segunda es algo qué aún quiero madurar un poco y gira en torno al estándar de cursilería que ha surgido paralelo a todo éste mundo.   Tejer no es una actividad de viejas o de modernas, que también. Tejer es una actividad que se puede entender de muchas maneras y que nos lleva a producir de una u otra manera según la personalidad de cada cual. Imagina el mundo dentro de 70 años, creéis que habrá gente por ahí diciendo: bloggear es cosa de viejas, pues muy probablemente sí y muy probablemente habrá gente que también opine que según cómo y porqué. (De hecho, en mi opinión, ya casi empieza a serlo).

Si te digo la verdad, cuando mi tía y mi madre tejían hace 20 años, ya se sentían en el punto de mira con el tema y ya les decían que era un hobby pasado de moda, etc.

Lo que pasa es que, desde los años 70 la imagen de la mujer libre y moderna se ha construido en torno al antitópico; y la tendencia de las mujeres emancipadas ha sido la de potenciar una imagen lo más lejana posible a la de la ama de casa tradicional con todo lo que ello implica. La ama de casa cómo icono envuelve una serie de modelos de los que la generación anterior a la nuestra querían huir. Recuerdo a mi amiga Lala, explicar cómo, tardó mucho en darse cuenta de que el textil era su verdadera pasión y que no fueron ni su madre, ni su abuela las que le enseñaron a tejer, pues les parecía que ella, joven y con posibilidades, debía dedicarse a “estudiar”. Finalmente Lala, estudió, sí, Historia del Arte pero también encontró su profesión en un telar y hoy día es la Presidente de la Asociación de Creadores Textiles de Madrid e imparte talleres desde Índigo Textil de todo tipo de técnicas (y teorías) sobre textiles.

Casi todas las revoluciones tienden a reaccionar en contra de lo establecido de manera enérgica y muy drástica, supongo que para poner en evidencia, precisamente lo que quieren contestar. Sin embargo, nada es igual en el inicio que cuando se convierte en una costumbre pues deja de ser revolucionario o moderno, no sé. Pero pierde “engagement”, cómo se dice ahora. El textil es algo tan antiguo que difícilmente puede pertenecer a una generación o a una añada de mujeres, sean o no amas de casa. Ni si quiera es territorio femenino exclusivamente.   Tejer es un arte, es un hobby, es una manera de pensar el mundo y una tradición tan ancestral que hay a quién le engancha y a quién no. Ahora mismo vivimos un auge de todo lo “Hecho a Mano”, lo que no significa que “Tejer esté de moda”. ¿Quizá es “hacer punto” lo que está de moda? Las que están en esto por moda, tejen, hacen scrap, carvan sellos, un poco de todo; es decir, hacen manualidades, algo que, efectivamente, toda la vida se ha hecho y eso… no es ni feminista, ni una postura política, ni cultural.

Sin embargo, detrás del mundo textil hay un universo de ideas, conceptos e historias personales y sociales qué si están muy relacionadas con una postura, digamos, cultural. Hay gente que se adentra en ese universo y gente que no, gente que tiene ganas de descubrir la raíz de todo esto (cada uno a su manera) y gente que no. Gente que quiere implicarse y gente que no. Todas las opciones son válidas.   Tejer es el terreno de las abuelas pero también lo es de artistas, diseñadores, pensadores, economistas, fabricantes, distribuidores y, también lo es, de las propias fibras, de los animales y los campos de cultivo originarios, de las tradiciones de cada región del mundo… Tejer así, una tarde, un cuellito de lana, no es ni feminista, ni político, ni nada… pero la cultura que esconden las agujas y las fibras, los telares y los bastidores, sí puede serlo. Para aquellos que es un hobby, bienvenido sea también. Para los que es una terapia, mucho más, ¿no? Y para los que es una moda transitoria, pues también. Tejer es una actividad tan bonita y tan enriquecedora que, aunque sólo se teja unos años porque se lleva, no va a hacerle mal a nadie.   Sinceramente, creo que no es importante si la gente se ríe, le parece antiguo o me llama maruja, sé lo que hago y porque lo hago. Y, entre otras cosas, creo que siempre lo he dejado claro en éste blog. Lo importante de ésta pregunta venía porque nos surgían dudas de sí toda ésta “moda craft” le está bailando el agua al machismo y estamos perpetuando una imagen de la mujer sometida.  Mi idea es que sí no somos críticas con la imagen que damos de nosotras mismas puede ser que sí. Pero creo que la gente que da esa imagen la da en cualquier contexto. Sea el Knitting o sea la cocina, o sea el pádel o los sudokus. Con todo, yo creo y veo a mi alrededor, que, por un lado, se ha rescatado la manera de hacer y el imaginario colectivo femenino que existe detrás de las labores y por otro, nuestra generación está aportando una nueva iconografía: nuevos temas, nuevas formas y nuevas maneras de hacer que convierten tanto el tejido moderno, cómo el bordado en algo totalmente contemporáneo y significativo de éstas últimas décadas.

Mi conclusión es que, las disciplinas artesanales textiles no pertenecen a un mundo de “viejas” ni a nadie en concreto y es la manera en la que tú misma te tomes lo que haces y, cómo diría mi madre, “el aire” que tu le des a la técnica lo que va a darte un resultado u otro. El tema de cómo quieras profundizar en tus hobbies también es muy personal, yo me llevo todo lo que hago a un terreno cultura porque es el pie del que cojeo pero, no necesariamente tiene porque serlo.   ¿Para mí, tejer es un acto feminista? Para mí, todas las acciones en mí vida son feministas, porque soy feminista. (Cómo no lo voy a ser siendo mujer) Pero no soy feminista porque tejo, ni al revés. El resultado de mi manera de escribir tiene unas tendencias porque yo soy así. Y dónde digo feminista digo, amante del arte, crítica o lo que sea para cada uno.

Y, aunque hace tiempo que no me preocupa lo qué digan de mi trabajo con lana creo que es importante dejar constancia de los porqués que nos llevan, en muchos casos, a dedicarnos al punto, la costura o algunas otras disciplinas relacionadas con lo textil. 

¡Feliz fin de semana!

 

Barba Off-Bigotes On

join us for a shave

No me preguntes porqué pero desde que soy pequeña la primera imagen que me viene a la cabeza cuando alguien me dice que se ha dejado bigote es la del alineamiento del Atlético de Madrid y Ayala con su melana negra y su bigotón bien perfilado… ¡Y si no, Tom Selleck!

Los bigotes molan, algunos dicen que antes molaban y que son muy 2012… pero yo creo que los bigotes que salen del corazón siguen molando todo el rato por eso estuve con mi amiga tejedora Clara Montagut y los chicos de Movember, tejiendo y enseñando a tejer bigotes hace unas semanas en Teté Café Costura.

Movember_Workshop Lana Connection_07

Me imagino que no tengo que contarte de que va lo de Movember pero, si eres de los que ha oído campanas pero no tiene claro de que va todo esto de los bigotes otoñales, te cuento:

Movember consiste en comenzar el 1 de Nov afeitado completamente e ir dejándose crecer el bigote durante todo el mes de Nov; la idea es ir subiendo fotillos a la web de la iniciativa o a otras redes sociales con el hastag #Movember  para provocar los comentarios sobre la salud masculina y los donativos para la investigación en cáncer testicular y de próstata. Si eres chica te parecerá muy normal porque he visto varias generaciones en mi familia muy preocupadas por las revisiones pertinentes de mama y demás y si eres chico probablemente ya estés pensando que tu para que vas a ir a ningún médico si todo está muy bien y, además, “lo de los chicos” es mucho más horrible y desagradable y fatal… ¡si, lo sabemos! Por eso intentamos apoyaros y que no os sintáis tan mal por vigilar vuestra saludo (guiño, guiño).

 

Y, si todo éste apoyo y revuelo mundial fuera poco para “concienciaros” de lo importante que es… La recién inaugurada barbería “Malayerba” va a colaborar con un afeitado gratuito y al solete del veranillo de San Miguel en la plaza del Dos de Mayo el mismo día 1 de Movember a las 12:00 del mediodía.

Close shaving TINT

Las chicas no podemos dejarnos bigote pero si podemos tejerlo… así que si quieres ver algunos de los patrones que ha diseñado Clara Montagut te dejo una fotillo del que tejimos en Teté pero, puedes descubrir el resto de modelos en el blog de Clara: Paseando Hilos

Movember_Workshop Lana Connection_04

 

Por cierto, la semana que viene os cuento porque me parece que está tan bien hilado el tema de los bigotes de Movember y el tejer en público… Stay tuned!

¡Gracias a Katia por ser siempre tan hospitalarios con los eventos laneros!

Hazlo tú misma: del punk a la masa madre  

Éstos días me ha tocado reflexionar un rato sobre qué significan las quedadas y los encuentros D.I.Y  y, sobre todo, qué importancia tienen cómo reivindicación de lo femenino en nuestros círculos más cercanos o, incluso, en los medios –qué desde hace algún tiempo se hacen bastante eco de éste tipo de eventos-.

riot rose

 

Aunque mis conclusiones como siempre han ido en varias direcciones quiero compartir contigo una, en concreto: ¿Tiene el D.I.Y. una connotación reivindicativa en todos sus perfiles? Para mí, la respuesta rotunda es ¡no! Cómo todo, cuando crece y se masifica, acaba perdiendo una parte de la esencia y en el caso del “Hazlo tu mismo” creo que se ha ido diluyendo mucho la parte más comprometida y se ha ido dejando paso poco a poco a un movimiento un poco más de postureo cayendo en algunos casos casi en lo contrario, es decir, en un movimiento en cierto sentido bastante antifeminista (de esto tendré que hablar dentro de poco).

En mi caso, mi vinculación con el D.I.Y. viene directamente de mi pasión por la música punk y hardcore. Durante los últimos años ochenta y los años 90 un montón de muchachas de la costa Este de E.E.U.U., cansadas de la preeminencia de chicos en la mayoría de bandas, empezaron a montar grupos liderados por chicas que, sobre todo, proponían un cambio estético y de actitud frente a cómo se mostraban en público y en cómo vivían su experiencia femenina, desde la música, la moda o su manera de vivir. Éstas chicas tenían sus referentes en superwomen cómo Patty Smith o Kim Gordon que ya se habían armado de valor para asumir papeles de lo más macho dentro de la escena rock independiente. Creo que la gran diferencia del movimiento Riot Girl es que no eran chicas sumadas a la moda de los chicos, no eran cómo las modettes, o cómo las rockers, las Riot Girrls eran un movimiento en esencia “de chicas”, construido por chicas para chicas y a la manera en la que las chicas hacen las cosas pero sin las restricciones impuestas por “eso que se supone que deben hacer las chicas”. –Ups! Vaya lío!- Para crear un movimiento potente eran necesarios, posters, fotos, una indumentaria, una música y un montón de estandartes que nos identificasen. La manera de hacer las cosas entonces era: grabar cintas de cassette para hacer que la música llegase lejos, fotocopiar revistas, imprimir en casa, hacer collages, crear tu propia ropa, modificarla, personalizarla… Recuerdo que durante años usaba las camisetas del revés, les escribía frases absurdas por detrás en rotulador indeleble, cosía parches o les ponía todo tipo de cosas con imperdibles. Esto era la manera de ir en contra de la moda que se me imponía como chica, era una manera de demostrar que mi manera de pensar era diferente. Fue entonces cuando hice mi primer muñeco de punto y algunas bufandas para regalar. Por aquel entonces me era imposible imaginar que 15 años después estuviese aquí escribiendo de punk y punto o que hace un par de años hubiese pasado por mi cabeza la idea de My Wounded Clothes

 

Las Riot Girls echaban mano de la tradición femenina y el “hazlo tu misma” para ironizar y llamar la atención sobre una nueva feminidad que tiene mucho que ver con la tercera ola del feminismo.  

riot

Poco a poco toda ésta actitud punk: intercambiar fanzines, escribir revistas y fotocopiarlas, personalizar mi ropa, bla, bla, bla… fue ralentizándose básicamente por culpa del trabajo y las maneras en las que el sistema nos obliga a “pasar por el aro”. Reconozco que estuve un par de años muy perdida:  si tenía que hacerme mayor en un mundo de orden en el que lo individual no tiene cabida y, normalmente, suele traerte problemas ¿por dónde iba yo a canalizar toda ésta energía? Tarde tiempo en darme cuenta, montar una tienda desde cero, llevar un negocio propio y rodearme de mujeres con historias muy distintas a la mía fue poco a poco devolviéndome al redil del punk y haciéndome ver qué maneras de micro revolución cotidiana tenemos al alcance de nuestra mano:

Comprar menos, compartir coche, usar páginas de segunda mano, cocinar más, hacer swaps de ropa, hacer tu propio pan, cultivar un huerto (o plantas, cómo hago yo, porque un huerto en el salón, no me dejan tener, de momento) reciclar, reutilizar… y sobre todo pensar más si lo que necesitamos es lo que nos dicen que necesitamos.

 

A veces, me cuesta mucho hacerle entender a la gente que ésta opción sea una manera de feminismo o que sea una postura, en parte, visionaria, pero estoy muy convencida de que, dentro de la polarización que sufre nuestra sociedad hay más mujeres que, abrazarán pronto ésta postura siendo muy conscientes de lo que hacen.

 

¿Qué es para ti el D.I.Y.? ¿Moda o actitud ante un modelo de vida? ¿Crees que se ha perdido totalmente el componente más reivindicarivo del “Hazlo tu mismo”.

 

Recomendaciones:

The punk Singer: es un docu sobre la vida de Kathleen Hanna, la cantante de Bikini Kill y Le Tigre, activista feminista y impulsora del movimiento Riot Girl.

 

 

 

Casa tomada. Julio Cortázar

Durante las vacaciones en Francia, leí éste cuento de Cortázar, su primer cuento publicado en la revista de Borges, y me enamoró. Me sorprendió que el tejido estuviese tan presente en un cuento tan corto pero, sobre todo, me dejó totalmente desconcertada… mientras leía no sabía si pensar en lo político o en lo sobrenatural… por eso decidí que, cuando llegase a Madrid tenía que compartirlo para poder intercambiar opiniones…

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El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño.

Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.

Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.

Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.

-¿Estás seguro?

Asentí.

-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.

-No está aquí.

 

Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.

Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:

-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?

 

Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.

(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.

Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos más alta o Irene cantaba canciones de cuna.

En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)

Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.

No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

 

-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.

-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.

-No, nada.

Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.

Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

fin

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