Casa tomada. Julio Cortázar

Durante las vacaciones en Francia, leí éste cuento de Cortázar, su primer cuento publicado en la revista de Borges, y me enamoró. Me sorprendió que el tejido estuviese tan presente en un cuento tan corto pero, sobre todo, me dejó totalmente desconcertada… mientras leía no sabía si pensar en lo político o en lo sobrenatural… por eso decidí que, cuando llegase a Madrid tenía que compartirlo para poder intercambiar opiniones…

parrot

El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño.

Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.

Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.

Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.

-¿Estás seguro?

Asentí.

-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.

-No está aquí.

 

Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.

Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:

-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?

 

Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.

(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.

Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos más alta o Irene cantaba canciones de cuna.

En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)

Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.

No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

 

-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.

-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.

-No, nada.

Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.

Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

fin

Regreso al Otoño

autumn bests

Ya estamos en otoño…

el tiempo pasa rápido, el verano, las vacaciones y otra vez tenemos el curso encima…

Llevo algún tiempo pensando qué debería ser Udonwool éste nuevo año… y, simplemente, todavía no lo he decidido.

Lo que se supone que debe ser no es lo mismo que me dice mi tripita que debe ser… Así que, aún lo estoy rumiando.

Durante éste verano he conocido a gente guay y hemos hablado de algunas cosas online, entre ellas, Udonwool y, sinceramente, sí, creo que he de cambiar el rumbo del blog… Hacia algo que sea ¡mucho más yo! Potenciar mi lado creativo y abandonar el descriptivo.

Enfocar Udonwool cómo una narración más que cómo un conjunto de recursos separados… Lo que no sé, es si seré capaz porque ahora mismo tengo demasiado trabajo con mi nueva tricotosa, con el patronaje, con el bordado…  con el que he empezado hace muy poco pero que, ¡me ha enamorado!

 

Detalle de un bordado de mi profe y amiga: Yolanda Andrés.

Detalle de un bordado de mi profe y amiga: Yolanda Andrés.

Lo cierto es que sí llevo tanto tiempo sin escribir no es porque no haya generado contenidos, porque hay muchos posts en borradores; simplemente no sé si son los contenidos que me cautivan y éste curso he decidido hacer las cosas mucho más con el corazón que con la cabeza, creo que es porque, afortunadamente tengo unos pocos menos marrones que el año pasado y eso me hace querer dedicarme a las cosas que me gustan con arrojo.

 

Me estaba esforzando en redactar las cosas de cierta manera, de sacar, al menos, un post a la semana pero, creo que eso no es lo que busco y que, por mucho que esas sean “las reglas del juego” no soy una persona de reglas. Si offline cautivo es porque no pienso tanto en mi SEO cómo persona! Así que, a partir de ahora, creo que habrá muchas más hebras de las que tirar…

 

Mi camino online siempre ha buscado el aprendizaje y la comunicación y llevo unos meses poniéndome trabas a mí misma…

¡Es hora de dar rienda suelta a la creatividad! Creo que ahora más que nunca me hace falta desfasar en mis ideas.

 

Besos a todos y muchas gracias por seguir aguardando a pesar de ésta ausencia sin motivo (aparente).

 

¡Nos vemos prontito!

 

P.S. Una de las cosas que he hecho mucho en éste mes offline ha sido escuchar música, así que si quieres escuchar mi última playlist para tejer… es toda tuya AQUÍ

fall

¡Hola! Punto del revés

¿Ya dominas el punto del derecho? Hoy toca lección de revés

No me preguntes porqué, pero normalmente, el punto del revés nos da un poco de rabia… he oído a un montón de tejedoras refunfuñar en la vuelta del revés. Y, confieso que, una de las cosas que más me gusta de tejer en circular es que no hace falta cambiar de punto y puedes tejer todo el rato del derecho, sobre todo porque coges más carrerilla y los movimientos son más rítmicos y yo, que estoy muy mal de lo mío, me meto en trance total.

Te explico cómo se teje el revés en continental:

 

Gif Punto revés

Para mí, lo más importante que debes tener en cuenta cuando tejes el punto del revés es saber cuál es el resultado que da por el derecho. Y por el revés. Ya te conté hace tiempo la anatomía del punto del derecho, pues el punto del revés funciona exactamente al revés.

Cuándo tejemos una vuelta del derecho y otra vuelta del revés sucede esto:

detalle punto jersey

Y si tejemos una vuelta del revés y otra del derecho esto otro:

detalle punto jersey reves

La diferencia reside en cuál va a ser el derecho de tú labor y el resultado que quieres obtener. Y de ahí vas a deducir de qué manera vas a montar los puntos o qué tipo de agujas elegir… y muchas cosas más que ya iremos viendo.

Pero…

Si el resultado en la opción B es muy parecido al punto bobo, ¿por qué no tejer todo del derecho siempre que queramos ese resultado?

 

¡Te lo cuento la semana que viene! Así que si no quieres perdértelo, ¡suscríbete a mis post en tu correo!

Entonces, ¿Quieres aprender a tejer?

Quieres aprender a tejer

Si vas a saltarte los patrones,

a pesar de todo, no lo hagas.

A no ser que vayas a ser capaz de deshacer cuando veas que has metido la pata 10 vueltas más abajo,

no lo hagas.

Si eres capaz de pasar por alto un punto retorcido,

no lo hagas.

Si vas a simplificar siempre todo y limitarte al punto de arroz,

no lo hagas.

Si lo haces por dinero o por molar,

no lo hagas.

Si lo haces porque quieres fardar en la oficina, no lo hagas.

Si vas a tejer cuellos una y otra vez,

no lo hagas.

Si te cansas de contar cuando tienes que hacer calados,

no lo hagas.

Si vas a hacerlo cómo tu abuela y sin aportar nada nuevo,

olvídalo.

Si vas a poner la excusa del tiempo.

Si no estás en la oficina pensando en llegar a casa y coger las agujas, haz otra cosa.

Si sólo les gustan tus piezas a tu novio o a tu madre,

no estás preparada.

No seas como tantas miles de tejedoras, esas personas que se llaman tejedoras.

No seas sosa, aburrida o más pija que un jersey de ochos.

No te consumas con las dpns.

Las madejas del mundo bostezan continuamente con el punto bobo.

No seas una de ellas.

No lo hagas.

A no ser que no puedas tener las manos quietas.

A no ser que vayas a aprender a cerrar con grafting,

no lo hagas.

Cuándo las vueltas cortas te salgan de dentro como algo natural.

Cuándo sea el momento, lo sabrás.

Sucederá por sí sólo y seguirá ahí hasta que mueras,

o morirá en ti.

No hay otro camino y nunca lo ha habido.

 

El otro día, mientras tejía vueltas cortas y terminaba un talón de un calcetín… no dejaba de acordarme de Bukowski. Y, tú, ¿Quieres aprender a tejer?

“La tienda de la esquina” de Lucy Sparrow

Cuando veo trabajos cómo el de Lucy Sparrow me doy cuenta de que aunque “son tiempos duros para los soñadores” y el mundo del arte está de capa caída (en lo que al sentido del humor se refiere…) todavía hay esperanza y corazones valientes. Lucy Sparrow Corner Shop shop-3 shop-5 shop-6 Durante 8 meses, Lucy ha estado preparando The Corner Shop, una instalación de 4000 piezas de fieltro cosido a mano que estará durante todo éste mes para que la gente se asome por allí y compré lo que quiera: Caramelos, detergente, revistas… todo hecho con fieltro. La idea se ha financiado desde la plataforma Kick Starter y también puedes comprar los productos por internet.

¿No es divertido?

¡Pasa un buen fin de semana!

 

vía: @nomonamo & The Jelous Curator

¿Por qué William Morris era feliz y tú no?

Estoy obsesionada con William Morris y con la idea de vivir feliz

Hace 3 años que volví a trabajar en una oficina. Desde entonces y, aunque no dejo de aprender en mi trabajo vivo obsesionada, literalmente, con la idea de salir corriendo y es que el sistema de trabajo implantado hoy día, funciona exactamente cómo aquella máquina extraña de la visionaria Metrópolis. Nos engulle y nos crea miedos y necesidades absurdas que si no trabajásemos no estarían ahí. Ropa formal, litros de gasolina, comida a deshoras, falta de movimiento… ¿realmente necesito ésto? ¿Lo hago por el dinero? Pero, si me gasto la mayor parte de mi dinero en ir a trabajar, ¿tiene sentido?

 

metropolis reloj

Cuándo todo éste crafty-boom empezó y la palabra craft empezó a verse más allá del papel de estraza y aparecía en prácticamente todas las sopas, quiero decir smoothies, que tomábamos… no dejaba de venir a mi mente el héroe de mi tercer año de carrera: William Morris. No voy a hacer una tesina sobre éste hombre porque para eso ya tienes la wikipedia. Pero, durante los años de universidad, cuando la gente abanderaba el anarquismo, el socialismo y demás doctrinas paraizquierdistas que se respiran en las facultades de humanidades, yo, que soy una izquierdista radical y desengañada… me abracé fuerte al situacionismo y al dadaísmo cómo leiv motiv postadolescente siempre con un ojo puesto… en ciertos personajes que me resultaban lejanos por lo adulto de sus pesquisas: hace diez años me enamoré del movimiento modernista, de los secesionistas y, sobre todo, de Morris. Eran, cómo siempre digo, unos “modernos antiguos” y cuándo lo hipster se puso de moda, cuándo mirar hacia atrás y buscar en lo profundo del pasado se volvió el colmo de lo actual, y digo, bien, lo antiguo fue la gota que colmó el vaso; en ese momento, pensé: “¿Cuánto tiempo habrá de pasar para que todos volvamos la vista atrás y veamos que Morris era el hombre más moderno que jamás ha existido?”. La respuesta es: no, mucho. Lo nostálgico se ha vuelto una bandera ondeante en la mayoría de los blogs más visitados, hacer conservas, pan, vivir de uno mismo, fregar el suelo con vinagre, dejar de lavarse el pelo por ¿higiéne?… ¿estamos llegando al colmo de la nostalgia?

william morris

Toda ésta chapa para repensar un poco qué nos ha quedado de las teorías de Morris: ¿nos ha quedado el fondo o la forma?. Definitivamente, quiero aventurarme a pensar en voz alta que Morris fue un incomprendido hace 200 años y lo sigue siendo ahora. He leído en algunas publicaciones americanas que la crisis, allí y después aquí, nos ha conducido a un nuevo gusto por lo hecho a mano, por la cultura D.I.Y. y por el tema craft. Bebemos en frascos de conservas, reutilizamos cajas de fruta, volvemos a hacer mermelada y tejemos a todas horas… para colgar nuestras hermosas fotos con filtro “Valencia” en Instagram… Y, sin embargo, nos escandalizamos cuándo una mujer dice que “quiere quedarse en casa y dejar su trabajo”, esto es #truestory, créeme que ya me han dicho el consabido “qué vergüenza, una chica con estudios…” en repetidas ocasiones. Nos gusta lo antiguo pero aborrecemos no sentirnos modernos, tenemos miedo de todo cambio pero, más aún, de darnos cuenta de que los cambios han sido a peor. Y, aunque abanderamos la nostalgia y disfrutamos del revival lo hacemos por pura pose.

 

¿Cuánto, cómo y qué hemos de dejar atrás para ser verdaderos “modernos antiguos”? Sobre todo, me pregunto, ¿cómo reaccionaría la sociedad frente a una oleada de “nuevas amas de casa”? No hace 100 años, el mundo se echó encima de las primeras señoras que “abandonaban” sus casas por las máquinas de escribir y los teléfonos; hoy, se mira con recelo a una persona que prefiere dejar su empleo agotador por pasar el día en su casa cuidando de toda la familia. Seamos serios, ¿quién prefiere un atasco a llevar a sus hijos al colegio? ¿Tiene sentido trabajar por un sueldo ridículo para pagar a una persona que se encargue de cada caída de nuestros hijos? o ¿empieza esto a parecerse al chiste y estamos vendiendo nuestros coches para comprar gasolina?

metropolis maria

 

Nos hemos quedado sin la posibilidad de ser “amas de casa”, y eso, en algunos casos, es un paso atrás. Nos hemos negado la posibilidad de vivir una de las facetas de la feminidad en pro de tener el derecho de trabajar como hombres (siempre en peores condiciones, recuérdalo). Yo creo que es para pensárselo. ¿Hace falta trabajar tanto? ¿Necesitamos más dinero o más tiempo? –y, ¡ojo! qué hay que tener cuidado con lo que uno desea porque puede hacerse realidad y, entonces, seguro que algún mecanismo de poder podría utilizarlo en nuestra contra, yo sólo digo, qué hay que pensárselo un poco-.

 

No sé qué piensas tú, cuéntamelo, me interesa.

 

Yo, de momento, voy a seguir leyendo y reflexionando sobre ello.

 

Te recomiendo ésta lectura:

Yorokobu: “Deberíamos trabajar 4 días a la semana” por Lara Fernández Gutiérrez

Los Minimalistas

 

¡Hola, Punto del derecho!

El post de hoy va dedicado a mi amiga Inma (y a todas las Inmas que me leen pero que no sé cómo se llaman)…

punto derecho

¡Basta de misterios! Mi post de hoy va de qué, por fin, de una vez por todas, dejes tu gancho encima de la mesa,  es hora de que apagues la tele, cierres ese libro que no te ha conseguido enganchar…  y cojas un par de agujas ¡ya!

Inma me dijo hace unas semanas que “de éste verano, no pasa que aprendo a tejer” así que a ver si es verdad…

Es verano, estoy segura que o tienes jornada reducida o eres consciente de que a las 10 de la noche todavía es de día. Así que la excusa del tiempo hoy ¡no vale!

Hoy te enseño a tejer punto del derecho:

aprende a tejer punto del derecho

Hace unos meses se hizo una tricotada en público que se llemaba: “Los Chicos También Tejen” y allí, enseñé al Sr. Pérez en unos 20 minutos a tejer punto del derecho en continental y grabé éste video cortito, si quieres verlo seguro que también te ayuda.

Además, voy a subir los #MiniDIY en  slow motion a mi cuenta de InstagramTienes que contarme si te gusta la idea porque creo que ¡podríamos hacer una buena biblioteca de #MiniDIY entre todas!

 

Si conoces a alguien que lleva diciendo un montón de tiempo que quiere aprender a hacer punto y siempre lo deja para mañana… envíale éste post ahora mismo.

Mis libros de labores

Aunque odio comprar cosas tengo que reconocer que mi guilty pleasure son los libros y, por supuesto la lana, seguro que mis amigos te dirían que también los zapatos pero no es verdad, sólo que, por alguna maravillosa razón los zapatos pueden durarme siglos, así que aunque no compre muchos acabo teniendo cientos “en activo”.

take a walk

Casi no tengo tiempo para leer, y eso es algo que me consume, pero sigo comprando libros cómo si tuviese toda la vida para estirarme en la hamaca a pasar las horas “fuera de línea”…  sin embargo, los libros de cocina o los libros de labores son, aún más viciantes, porque no hace falta leerlos si no usarlos así que para esos sí que suelo sacar hueco…

the family meal

Éstos son algunos de los libros que compré éste último año y que todavía no había mostrado:

libros de labores libros de labores y planta

Mi súper favorito es “Knitting by Design“, me encantan las fotos y me encanta ésta diseñadora, me inspira un montón su manera de trabajar y, aunque no he tejido ningún patrón del libro, me inspira mucho para ponerme a patronar.

 

libros knitspiration tinte a mano

 

Yo los he comprado cuando he estado de viaje o en USA pero puedes encontrar todos éstos libros en La Central de Callao ¡que es un sitio muy chulo para desayunar los sábados!

 

 

 

Happy New Year!

Ayer fue mi cumpleaños así que hoy, para mí, empieza ¡el año nuevo!

 

happy bday

Sé que mucha gente empieza a contar sus años en septiembre, con el curso académico y, en cierto modo, sí, en septiembre pongo mi contador a cero en cuanto a proyectos académicos se refiere, sin embargo, desde hace algún tiempo he observado que intuitivamente mi cuerpo cambia cuando se acerca mi cumpleaños y que, los días de antes parece como si se me fuese gastando poquito a poco la batería del móvil y me quedase sólo un palito… pero que hoy, un día después tengo la mente mucho más clara, y, sobre todo,  muchas más ganas de empezar cosas nuevas.

A lo mejor, es sólo una tontería psicológica pero, me ayuda y me da un golpe de energía para enganchar el verano y el año con mejor humor y llegar a diciembre con las pilas a tope y resistir el invierno sin deprimirme….

Yo soy de esas a las que la primavera les hace K.O. técnico y empieza a venirse abajo con el calor así que mi “tontería psicológica” me despierta y me devuelve a la vida.

Y, éste año he decidido dirigir mi energía iniciática para volver a enfrentarme a las agujas de doble punta y aprender a tejer calcetines que, era mi asignatura pendiente.  Mi primer calcetín es un calcetín de homeless porque tiene muchos agujeritos y fallitos del amor (que dice mi compi de calcetos Ana) pero, curiosamente no me ha costado demasiado entender el patrón y me he viciado tanto que ya tengo mil modelos en la cabeza.

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¡Además! El Sr. Pérez me ha regalado el libro de comida hindú más precioso que existe y el set de circulares de Addi. ¡Hip! ¡Hip! ¡Hurra! Y no puedo estar más feliz. Las agujas de bambú me flipan y tenía muchísimisimas ganas de tener un set de agujas bonito así todo ordenadito y súper pro.

 

Éste finde me marcho al FIB, que cumple 20 añitos y que tiene a Cat Power en cartel así que, la semana que viene no nos veremos…

 

¿Y tus vacaciones? ¿Cuándo?

Anatomía del punto bobo

Hoy quiero explicar un tema bobo que me parece de los más importantes: ¿cómo es un punto bobo?   Uno, sólo uno.

Estructura del punto bobo

Imagino que si has tenido que explicar alguna vez a una tejedora novata cualquier cosa sobre punto has utilizado alguna expresión parecida a: “por el lado de las bolitas” o “ por el lado de las uves”. Pues bien, esa es precisamente la anatomía de un punto. Cada punto, al margen de la labor, tiene su derecho y su revés. Lo que llamamos “las bolitas” es el revés y lo que llamamos “las uves” es el derecho, hay quien lo dice a la inversa, pero no es importante, lo importante es saber reconocerlos y saber cómo se comportan cuando el punto que queda por encima es derecho o revés.   Cuándo tejemos punto bobo, estamos viendo, por ambas caras de la labor, los reveses de todos los puntos que hemos tejido del derecho.

Revesés bobos derechos de los puntos

Por eso, siempre vemos por ambas caras “las bolitas”; pero, si separamos las hileras… ¡vemos que los derechos de los puntos están ahí, escondidos. ¡Ojo! Cuando tejemos punto bobo para labores con el borde visto, mi recomendación es tejer siempre “orillo de cadeneta”.   Y, debemos tener en cuenta que si montamos los puntos de manera noruega, al quedarnos la primera vuelta del revés podemos aprovechar que desde la primera hilera nos salen “las famosas bolitas”.

Plantita y punto bobo

Basta por hoy… ¡vamos a volver a éste post varias veces!   Recuerda que si éste post te ha molado siempre puedes compartirlo con tu timeline AQUÍ y yo te lo agradeceré todo el rato.

 

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